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domingo, 22 de julio de 2018

Philip Roth

Mis amigos de El Tercer Puente, tan certeros como de costumbre en su crítica a Philip Roth, que puedes leer pulsando aquí.

jueves, 12 de julio de 2018

Los cuadernos de Rekalde - Arturo Martínez (2016)

Escribir tu vida en un diario, cuando las condiciones en las que te hallas inmerso no son nada favorables, no debe dar lugar al uso de muchas florituras lingüísticas. Quizá por eso el estilo que Arturo Martínez utiliza sea puramente directo y sencillo, en esta su primera incursión en la ficción literaria, donde narra las peripecias de Eliseo Rekalde, misterioso personaje al que conocemos gracias a las anotaciones recogidas en sus diarios. A veces, demasiado sencillo. No vamos a encontrar en Los cuadernos de Rekalde nada parecido —modo pedante on— a la prosa poética. Poco lugar hay para regocijarse en frases o párrafos que enamoren, reclamen su espacio en nuestras cabezas y se queden ahí, yendo y viniendo según transcurre la vida. El protagonista a veces se acerca, un poco peligrosamente, al arquetipo de tipo duro, un tanto manido, capaz de salir de las situaciones más peliagudas, en un argumento que, en principio no destaca por su originalidad.

Y ahora, las buenas noticias, que a uno le gusta empezar por las malas. 

Tengo la impresión de que los comentarios recogidos en el párrafo anterior, que podrían entenderse como negativos —y, efectivamente, lo son— constituyen al mismo tiempo los puntos fuertes de la novela. Si hay un aspecto a destacar en este trabajo es que su lectura resulta entretenidísima, contribuyendo a ello esa agilidad que le suministra el lenguaje espontáneo y sin adornos con el que Eliseo Rekalde —“escritor aficionado y fugitivo profesional”— plasma los acontecimientos en los que se ve envuelto durante su periplo por casi medio mundo. El estilo sencillo de las narraciones del protagonista, a pesar de esos rasgos un tanto estereotipados y el elevado uso de lugares comunes, acerca a éste al lector, mucho más eficazmente de lo que suelen hacerlo los héroes habituales, haciéndole simpatizar con el personaje desde las primeras páginas.

Otro aspecto muy remarcable de la novela es la descripción de los diferentes entornos físicos, a la que el autor — viajero incombustible— dedica buena parte de la narración. Desde selvas tropicales a parajes yermos y resecos; de salones de hoteles de lujo y despachos gubernamentales, a barriadas marginales y cuarteles de policías corruptos. Y mar, mucho mar. De la historia podría muy bien extraerse la crónica de un viaje por aquellas latitudes, algo muy relacionado con la actividad literaria de Martínez anterior a este trabajo. Una muy buena documentación, así como, sospecho, las propias vivencias del autor, dotan asimismo a la novela de un interés añadido. Abundan los pies de página que, lejos de resultar inapropiados por impedir una lectura lineal, se muestran eficaces y oportunos por su capacidad de aclaración.

Aventuras aderezadas con crónica viajera…o viceversa. Cada lector decidirá. En definitiva, un muy buen primer trabajo de Arturo Martínez, cuya segunda novela está al caer y esperamos con expectación, dados los buenos resultados de esta primera entrega.

lunes, 9 de julio de 2018

Castellio contra Calvino

Acabo de terminar de leer un libro que me ha causado un fuerte impacto. Se trata de “Castellio contra Calvino. Conciencia contra violencia”, de Stefan Zweig.

Cuando me lo regalaron, lo dejé un poco arrumbado. Por una parte pensaba que el tema era una simple disputa teológica del siglo XVI, lo que no me parecía demasiado interesante. Por otra, al autor lo asociaba más con novelas de mis padres que había leído en la adolescencia, y que en aquel momento no me habían gustado.

Pero cuando hube acabado otros libros pendientes, al fin me decidí a empezarlo.

Desde el primer momento me atrajo. Y no puedo dejar de recomendarlo.

El libro, más que de teología, de lo que trata es del poder. Del poder puro y duro, del poder absoluto, y de todo lo que es capaz de hacer una persona para conseguirlo y mantenerlo. Y de lo que es capaz de hacer otra para tratar de impedirlo.

Pero el malo de la película no es solo Calvino, que de exiliado acogido por la ciudad de Ginebra se fue convirtiendo en el peor dictador de la historia de la ciudad. Tenemos a muchos cómplices. Desde los directos, los que compartían sinceramente sus ideas y querían implantar un estado teocrático a cualquier precio, hasta los indirectos, los burgueses ginebrinos que, por no enfrentarse a los calvinistas, les fueron dejando hacerse poco a poco con todas las parcelas del poder.

Y también hay un bueno buenísimo, como en las películas. Se trata de Sebastián Castellio, un erudito que opuso la única fuerza de la verdad, el amor y la tolerancia a la furia desatada por los calvinistas.

No voy a contar el guión, sino solo apuntar que se desarrolla en parte en torno a la historia de Miguel Servet, controvertido intelectual al que la iglesia española ensalzó como ejemplo de mártir muerto por su fe y descubridor de la circulación de la sangre, pero que en este libro es “matizado” y puesto en su contexto.

Hay una frase en la defensa que Castellio hace de Servet y que resume todo el libro: «Matar a un hombre no es defender una doctrina, es matar a un hombre. Cuando los ginebrinos ejecutaron a Servet, no defendieron una doctrina, mataron a un hombre.»

Y por supuesto, tampoco voy a contar el final, ni siquiera a decir si es triste o feliz. Eso lo dejo para quienes se animen a leer el libro